Inventarios de ciclo de vida e impacto ambiental ¿cómo interpretar los resultados de un ACV?

El inventario de ciclo de vida de un proceso productivo es una herramienta que permite cuantificar todas las entradas y salidas físicas involucradas en la producción de un producto o servicio. Es decir, estimar todos los flujos de materia y energía que han sido extraídos de la tierra como insumos del proceso, y también los que son devueltos a ella como productos, contaminantes o residuos.

Para que este listado cumpla con los requisitos de completitud, debe estar expresado en términos de flujos elementales, esto es flujos que no tienen un proceso detrás que no haya sido incluido en el inventario. Por ejemplo, un flujo elemental  es el mineral de cobre que se haya en el yacimiento, o el gas natural que se encuentra en el depósito terrestre. Así, en el inventario de un producto no correspondería incluir, por ejemplo, al PVC como flujo elemental, ya que el PVC utiliza materiales manufacturados, como petróleo refinado y energía eléctrica. La energía eléctrica tampoco es un flujo energético elemental, ya que en su generación participan combustibles más básicos como el carbón o gas natural.

Una vez que se ha obtenido este listado de flujos elementales (expresados en términos de masa, volumen o MJ), este debe ser traducido a categorías de impacto para ser interpretado, cómo aporta cada uno de los flujos a algún aspecto del medio ambiente considerado como relevante. Existen varias categorías de impacto, y se van agregando más con el tiempo. Las categorías validadas internacionalmente son 16, pero las más usadas son las siguientes:

  • Potencial de cambio climático: Corresponde a las emisiones conocidas como gases de efecto invernadero, responsables del aumento de la temperatura terrestre. Los más importantes son el Dióxido de carbono (CO2) el metano (CH4) y los óxidos de nitrógeno (NOx).
  • Reducción de la capa de ozono: Corresponde a las emisiones de gases que adelgazan la capa de ozono, que se encuentra en la zona comprendida entre los 35 y 80 km, encima de la estratosfera y debajo de la ionosfera. Esta capa está compuesta de un tipo de molécula inestable de oxígeno, el O3, que filtra las radiaciones ultravioleta del sol. Se encuentra en proceso de reducción debido a la emisión de ciertos gases generados industrialmente, como los Halocarbonos (CFCs, HFCs, HCFCs) y los óxidos de nitrógeno.
  • Uso de agua: Este indicador, aparentemente simple de estimar, presenta desafíos metodológicos al ser el agua un flujo que proviene de distintas fuentes (depósitos subterráneos fósiles, deshielos, ríos y fuentes lacustres, aguas lluvias, oceánicas etc.), y por ser parcialmente renovable. Además, el agua se encuentra desigualmente distribuida en el planeta y su reducción afecta de distintas maneras los ecosistemas y los sistemas humanos. En los ACV, el indicador más simple puede consistir en el consumo total de agua de los procesos, o bien usar indicadores más complejos como el de stress hídrico.
  • Uso de recursos no renovables: Cuantifica la transformación o descomposición de sustancias no renovables como minerales y combustibles fósiles.
  • Eutrofización: corresponde al enriquecimiento en nutrientes de origen antropogénico (fosfatos, sulfatos, compuestos nitrogenados, etc.)  de las aguas, lo que produce un crecimiento excesivo de algas y otras plantas acuáticas, que al morir se depositan en el fondo de los ríos, embalses o lagos, generando residuos orgánicos que al descomponerse consumen gran parte del oxígeno disuelto, afectando a la vida acuática.

Si bien los indicadores de impacto de ciclo de vida son útiles para su interpretación, son también criticados porque no reflejan necesariamente el impacto real que está produciendo un proceso productivo en un lugar y tiempo determinado. Se trata más bien de un potencial de impacto teórico de acuerdo a un modelo. Aun cuando estas críticas son atendibles, los indicadores permiten simplificar los perfiles de inventario, que suelen ser extensos y complejos de entender para el público no especialista.

Artículo desarrollado por Marcelo Velasco, profesional del Proyecto Ecobase.

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